viernes, 29 de abril de 2011

El taller de abrocharse los zapatos

El siguiente artículo es la segunda entrega de una serie en formato de "entrevista" a nuestro departamento.
Esta vez, a través de la opinión de un profesor.

Autor: FREDDY BASTIAS, Arquitecto UV
Editor: PABLO SILVA, Arquitecto UTFSM

Imaginemos por un instante que somos todos profesores; de un taller x, en lugar x, de un país x, con un sistema de educación x. El desafío, algo más sencillo, complejo y delirante, enseñar a abrocharse los zapatos:

Lo que se presentará continuación son alternativas de cómo esto se puede llevar a cabo, trataré de reunir las cavilaciones, dudas e incertidumbres, propias y de otros colegas al momento de preparar o pensar un semestre académico:

1.‐ Disponerse como docente frente al curso abrocharse y desabrocharse los zapatos un par de veces a vista de todos, luego indicar que lo intenten todos, corregir y aclarar dudas una vez, sin repetir. Al final del semestre se evaluará que todos los estudiantes que no lo logran abrocharse los zapatos están reprobados, mientras que aquellos que lo consiguieron deben correr, saltar y realizar una serie de movimientos, si al cabo de ello aun están abrochados los zapatos, aprueban.

2.‐Tabular todos los movimientos y elementos necesarios, generar una planilla que indique;

Tiene zapatos.

Tiene cordones.

Dispone correctamente los cordones en los zapatos.

Se logra calzar el zapato.

Realiza los movimientos para generar el nudo.

Aplica la suficiente fuerza para afianzar el nudo.

Entregó a la hora.

Aquellos que logran más del 60% de la planilla aprueban, de hecho muchos logran la aprobación sin conseguir abrocharse los zapatos.

3.‐ Plantear el desafío de caminar y correr con zapatos, sin que se salgan del pie, no se acepta como solución los cordones, los zapatos deben ponerse y quitarse con facilidad. Algunos estudiantes investigan los tipos de zapatos, descubren calzados que no requieren cordones, los suecos, las sandalias. Otros estudiantes investigan los tipos de amarras, el velcro, telas anatómicas, comienzan a estudiar el pie, traen libros de anatomía, realizan pruebas, graban el caminar. Nadie consigue el objetivo, el día de la evaluación se disponen prototipos rarísimos, la evaluación será improvisada en ese mismo momento en relación a lo que llegó de entrega. (nadie lo mide, a nadie le importa, pero todos saben abrocharse los zapatos incluso algunos estudiantes están realizando nudos exóticos producto que en el taller analizaron nudos de veleros y trabajos de marinería).

4.‐ Existe una cuarta opción, suponiendo que el zapato y el cordón es un elemento extraño y no tan común, se disponen de algunos ejemplares se desarman, se analizan y se mezclan partes, se aprende de ellos realizando una ingeniería inversa. Se parte del nudo desarmándolo,
siguiendo la hebra. Algunos estudiantes lograran imitar el zapato, los cordones y garantizaran el resultado. Otros mezclarán y serán más creativos, aunque el resultado no sea tan eficiente. La evaluación será similar a lo visto en el punto anterior de acuerdo a lo que llegue en el momento.


Ahora bien, analicemos las alternativas como profesores que somos.

La primera describe los tipos de talleres a los que asistí en mi universidad, una enseñanza pragmática, que asegura un profesional que podrá efectivamente resolver el problema, con un alto porcentaje de reprobados, a ratos con un cierto despotismo de los docentes, explicar poco y ver quien es capaz de resolver con poca información, contra el tiempo y con presión, ¿cruel? Tal vez, sin embargo será como la mayoría deberá trabajar en el futuro estando ya titulado. Definitivamente para nuestros días esto es poco pedagógico, pero en el pasado reciente esto no importaba, lo primordial era que el docente sabe abrocharse los zapatos y eso lo faculta como dios en su cátedra.

Las tazas de reprobación actuales no tolerarían esto, los reclamos de un profesor que explica poco, no aclara dudas, uff … la oficina del jefe de carrera se llenaría de reclamos. Existe el riesgo de un profesor intolerante, por ejemplo: “todos se abrochan los zapatos como yo digo, el que inventa un nudo distinto, no vale”.

La segunda, no logra el resultado, aprueban estudiantes que no saben abrocharse los zapatos. Pero la metodología es clara, es sabida por todos los estudiantes al comenzar el semestre, es fácil de mostrar en pautas, nos quita como docentes el problema de preguntarnos si el estudiante esta o no capacitado, la pauta evita tomar decisiones de ese tipo, la planilla arrojó eso, es objetiva. Pero difícilmente alguien plantee algo nuevo, el método favorece a quienes van mal y aburre a quienes quisieran ser más creativos. Sin embargo este tipo de educación deja tranquilo a la mayoría de los que llamo actualmente alumnos‐clientes. Yo considero que el estudiante es un pensador alguien que quiere aprender, busca desafíos. El contrario sería que el alumno es un alumbrado, un ser que espera que alguien lo alumbre o ilumine, le diga como son las cosas, para el imitarlas y así crecer en el mundo, reuniendo miguitas de conocimiento técnico, sin embargo siempre dependerá de que exista este iluminador, el que le dice como son las cosas y evita el trabajo de pensar ¿este será un buen profesional? Y a esto sumamos la palabra cliente, uff … un ingrediente nuevo en estos tiempos, el alumno que además se percató de la posibilidad de reclamar, claro la educación es un servicio, me enseñan, me educan, me, me, me, no importa si aprendo debo aprobar este taller, entonces puedo reclamar algunos puntos de la tabla: “profesor yo tengo calcetines de color eso también es un punto para la nota”, el profesor no fue claro para exponer, no dijo oportunamente como iba a evaluar, en fin. Incluso teniendo razón en algún reclamo, estos últimos están por sobre las preguntas esenciales que debe realizarse un estudiante ¿aprendí? ¿sé? ¿me interesa esto?

La tercera y cuarta alternativa tienen la potencialidad de no estar en instituto técnico, si no en una universidad, ejercicios provocativos que dan la posibilidad de traspasar fronteras, pensar. Sin embargo aquí te juegas el pellejo como docente, los alumnos clientes, van a reclamar, dirán que no fue declarada la pauta de evaluación, que el profe es poco claro, que no se llego a nada, que el profe no sabía para donde iba el taller, que improvisaba, etc…. Lo terrible es que todo aquello tiene su dosis de verdad, más aun a la luz de procesos de acreditación.

Una mejor escuela es un desafío de todos, frase linda ciertamente, pero muy real en un mundo que tiende a responsabilizar únicamente al profesor; sobre el ánimo, las motivaciones y los resultados, o sea en la política mercantil, finalmente en él que presta el servicio.

Si, existen responsabilidades docentes, pero sobre la base que contamos con estudiantes más que alumnos (por definición el que carece de luz). Así que estudiantes, a trabajar se ha dicho, intensamente y con pasión desbordante. Solo entonces existirá la base para construir una mejor Departamento de Arquitectura.

Si algún día me ven caminando con los zapatos desabrochados, no se preocupen, puede que esté pensando en el futuro a riesgo de caerme.

2 comentarios:

  1. Desde educación media he pasado, tal vez por todos los regímenes de “taller de abrocharse los zapatos”, e inconsecuentemente, he sido y sigo siendo alumno, alumno-cliente y estudiante, en constante cambio.

    Me eduqué en un liceo técnico, en donde el único objetivo era salir a trabajar, y a nadie le importaba si la educación era buena o no, lo que interesaba era salir luego; Aquí era un estudiante, por ello heme aquí. Al ingresar a ingeniería, repercutió todo el daño hecho por la mediocridad e ignorancia de los personajes que me intentaron educar anteriormente. Me fue mal, por mi culpa también, en fin, me fui a nivelación. Allí más que nunca fui un estudiante, y en donde menos se me exigía. Al empezar nuevamente ingeniería quería seguir siendo estudiante, pero ante el pragmatismo de las cátedras de docentes incapaces de admitir un error evidente, me convertí en cliente. Lo único que quería era pasar los ramos, obtener un título y ganar plata. Hasta que ciertas vivencias me hicieron cambiar el rumbo. Ingresé a arquitectura, con la ambición inversa, afortunadamente. Aquí adopté un doble estándar, en los ramos teóricos definitivamente era un cliente, en taller intentaba ser estudiante, pero finalmente era uno más.

    Quiero echarle la culpa a los ramos teóricos. Que están totalmente desestimados; Tienen pocos créditos, factor más que obvio para que nadie le dedique tanto tiempo como a taller, si con suerte se le dedica algún tiempo; Cuando tenemos entrega pedimos que nos corran el certamen, y cuando tenemos certamen pedimos que nos corran la entrega, más aún si la entrega está “brígida”, estudiamos el último día, y “ojalá el profe me ponga un 55”, o “con un 40 me conformo”; Comprobadísimo está la baja asistencia a los teóricos, sobre todo si las clases son en la mañana, “es de roto pedirle a un alumno de arq. que vaya a clases a las 8 am”, tenemos hasta horario especial de entrada; Podría seguir y claro, hay contadas excepciones, que con suerte se ven y menos se escuchan, pero “llenan sus libretas de notas sin igual”.

    Hoy intento volver a ser estudiante, con la motivación de las actividades que realizo sin que me califiquen, y curiosamente otra vez, donde menos se me exige, y de manera autodidacta aprender lo que no se enseña en taller, a pensar.

    Francisco Quitral
    Estudiante

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  2. Curioso, yo estudié en un colegio particular de perfil "bueno", y creo que no se me educó en nada realmente importante, solo se me hizo más trivial aprobar los teóricos(digo sin orgullo que jamás me eché ninguno, tampoco recuerdo mucho de ellos).

    Mi propia metáfora de los procesos de taller, desarrollada cuando era alumno, consistía en imaginar una clase de matemáticas donde te piden averiguar un resultado pero nadie te enseña aritmética. La diferencia es que la aritmética, generalmente, tiene un resultado unívoco y un proceso de diseño no lo tiene, pero eso que no significa que no se pueda enseñar, como proceso. Mi otra metáfora era imaginar una clase que solo consiste en certámenes. Al final, pasan los que saben, la clase es solo un filtro.

    La verdad, creo que hay cuatro tipos de docentes:

    1.Los que saben lo que quieren, y te dicen como hacerlo.

    2.Los que no saben lo que quieren, y quieren que tu lo averigues por ellos.

    3.Los que saben lo que quieren, pero creen que es tu trabajo averiguarlo.

    4.Los que te preguntan que quieres hacer, y luego te enseñan a hacerlo.

    Los primeros son el producto de una época en la que se cree que la Arquitectura como disciplina está bien, que la modernidad reina y que la forma sigue a la función.
    Los segundos son el producto de volver a cuestionarse el rol de la disciplina en la sociedad, y entender que tal vez hay que empezar de nuevo.
    Los terceros no son más que un malentendido, gente que se forma con los primeros y se aprovecha del pánico de los segundos.
    Exigir a los cuartos es la única instancia donde yo apoyaré al alumno cliente, porque son los que te convierten en estudiante.

    pensamientos inconexos de cuando yo era estudiante, pero como dijo mi padre alguna vez: Otra cosa es con guitarra.

    pbu.

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